La vejez del siglo XXI: estudiás, trabajás, te jubilás ¿qué ganás?

La vejez del siglo XXI: estudiás, trabajás, te jubilás ¿qué ganás?

Los viejos y viejas parecen ser lxs olvidadxs de la sociedad: no son productivxs, no hay ofertas laborales para ellxs ni políticas públicas que lxs incluyan. Pero además después de los 50 hay por lo menos dos generaciones invisibilizadas: personas que no requieren de cuidados, pero que tampoco parecen ser atractivas para el consumo ni para la legislación. En el caso de las personas trans el panorama es mucho más desalentador.

 

Por Natalia Arenas para Cosecha Roja

En una entrevista que Maite Alberdi, la directora del documental chileno “El agente topo”, dio al sitio de la BBC contó que Sergio, el hombre de 80 años que se infiltra en el geriátrico para investigar posibles maltratos, tenía miedo de que su familia lo dejara allí.

 

Quien haya visto el documental que fue nominado al Oscar entenderá que el miedo de Sergio no era a los supuestos maltratos, sino al abandono de su familia y a quedarse solo y olvidado como la mayoría de lxs viejxs que vivían en ese lugar.

 

Es que en general el maltrato está asociado a la violencia más visible, la que deja marcas. De hecho, en el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato a la Vejez, la Oficina de Violencia Doméstica (OVD) de la Corte Suprema de Justicia de la Nación registró durante 2020 casi 660 personas mayores afectadas por hechos de violencia doméstica. Y hay un dato que no sorprende: el 77 por ciento son mujeres y el 68 por ciento de los denunciados son varones.

 

La OVD también destacó que durante la pandemia -y especialmente durante la cuarentena estricta- bajó la cantidad de denuncias. “La cuarentena ha afectado la posibilidad de trasladarse y de hacer una denuncia. Esto se puede deber al desconocimiento de que no había restricciones o un mensaje tal vez no muy claro acerca de que las víctimas de violencia doméstica podían (y pueden) salir de sus casas sin consecuencias para hacer las denuncias. También a las dificultades en cuanto al traslado”, explicaron desde la Oficina.

 

Como sea, lxs viejxs que sobrevivieron a esta pandemia fueron uno de los grupos etáreos que peor la pasaron. Como escribió la psicoanalista Miriam Maidana en la nota Instrucciones para abrazar a nuestrxs viejxs: “Hace días y días que adultxs mayores -lo que antes de la corrección política se denominaban “viejxs”- son maltratadxs a más no poder en redes, en la calle, en farmacias, en donde fuera. Lxs que pueden ¿por qué insisten en salir? Les dejan comida en la puerta, los llaman por teléfono, les pagan las cuentas ¿por qué insisten en salir? Qué mal se comportan. Mejor les sacamos las llaves, lxs encerramos y les damos lecciones. Como si estuvieran en jardín de infantes hay que explicarles que en 10 días deben aprender a usar internet, hacer video llamadas, usar home banking, no abrazar ni besar -ni siquiera verlxs presencialmente- a nietxs, vecinxs, amigxs -en caso de tener algunxs vivxs-. Deben habituarse a ser ¿gatxs? Comida, bebida y una canastita donde dormir”.

 

La pandemia nos recordó que la salud integral no sólo incluye al cuerpo, sino a la psiquis. Y El agente topo que el abandono y la soledad también son formas de maltrato. Y de eso los viejxs saben bastante.

 

En Argentina, no todxs lxs viejxs son maltratadxs y/o abandonadxs por sus familias. Pero sí son relegadxs y discriminadxs por los gobiernos que raramente piensan en políticas públicas para ellxs.

 

Y en la sociedad existe una especie de acuerdo implícito y colectivo que dice que cuando una persona cumple los 60 ya es vieja. Y ese “ser vieja” es sinónimo de improductiva. Lo que significa que la mayoría de las personas pasarán entre 20 y 25 años de su vida sin hacer nada: sin trabajar, sin estudiar, sin gozar, sin planificar… sin vivir.

 

Lo cierto es que a partir de los 50 hay por lo menos dos generaciones que están invisibilizadas y a las que no se las tiene en cuenta a la hora de legislar. Personas que no requieren de cuidados especiales, internaciones ni geriátricos. Pero para las que tampoco hay oportunidades laborales ni políticas públicas que las incluyan.

 

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