Día 3. Valentina y Facundo defendieron al padre y contaron sus sospechas contra un empresario conocido de la familia.
Por Carina Ambrogi y Magdalena Bagliardelli. Foto: Gentileza Eugenio Agostini
Primeramente lo hizo Valentina Macarrón, quien actualmente tiene 31 años y es madre de un bebé de 6 meses. Al inicio cuando el juez la invitó a que exprese lo que quiera dijo «Mi mamá era una excelente persona, una madre muy presente y la extraño mucho”.
Posteriormente, respondió durante más de una hora todas las preguntas que Marcelo Brito, abogado defensor de su padre le realizó, pese al desborde emocional que le generó recordar los episodios. Le pidió por ejemplo que contara cuáles fueron las peores cosas que se dijeron de su madre tras el asesinato, cómo fue el momento en que la justicia la citó para consultarle sobre una carta de amor que ella escribió a su padre dudando de que sea un caso de incesto, o cuando se enteró por los medios de comunicación de la elección sexual de su hermano.
Sobre la economía familiar Valentina dijo que antes de que el matrimonio tuviera hijos, el ingreso económico de Nora era superior al de Marcelo, porque ella trabajaba en un banco y él estaba haciendo la residencia. Después del nacimiento de ambos “mi mamá dejó de trabajar porque no le daba el tiempo”,… “Cuando nosotros fuimos grandes ella volvió a trabajar, porque todos tenemos la necesidad de salir de la casa”, contó.
Sobre el carácter de ambos dijo: «Mi mamá era la que nos ponía los límites, mi papá trabajaba mucho».
Al finalizar, la testigo habló tranquila en un ida y vuelta fluido en el que Brito realizó una serie de preguntas en las que apuntaron contra el amigo de la familia (Miguel) Rohrer, como advirtieron al inicio del juicio que harían. Sobre el hombre dijo: “Siempre miraba mucho a mi mamá, mi mamá era hermosa. Era violento, tiraba a las mujeres a la pileta”.
Sobre el episodio que le provocó la duda sobre él recordó que en el cumpleaños de 50 de su tía él llegó a la fiesta y dijo en tono burlón «¿qué hacen acá todos los Macarrón juntos?», lo que le provocó a ella una crisis emocional.
Para defender al padre sembró dudas sobre la madre
“El que debería estar sentado en el Banquillo es Rohrer”. De esta manera culminó la indagatoria de Facundo Macarrón, el hijo mayor del matrimonio. Al igual que su hermana lo había hecho unas horas antes, el joven, de 34, sembró sospechas sobre la posibilidad de que Miguel Rohrer hubiese estado la noche del asesinato de su madre en Río Cuarto, y que hubiesen mantenido un encuentro, ya que una amiga de su mamá le dijo que habían tenido una relación amorosa. Dijo que con el pasar de los años pudo “atar cabos” y recordó que la semana previa al asesinato de Nora Dalmasso, Facundo llamó a su mamá para venir a pasar el fin de semana a Río Cuarto pero que ella le dijo que ya tenía “un programa” para la noche del viernes. Lo cual, para él, sería el encuentro con el empresario.
Criticó que los fiscales protegieron a Rohrer y “nunca lo investigaron” a pesar de que la familia había aportado indicios en su contra.
En defensa de su papá, dijo que nunca podría cometer un acto así, que su mamá era de gritar en la casa, pero que él “sería incapaz de matar a una mosca”. También se refirió a su imputación en la causa, la que mantuvo por cinco años, y dejó traslucir que fue por su condición de gay, que lo sindicaron como posible autor del femicidio, lo cual destruyó su juventud.
En contra de la acusación de Pizarro, refutó que su padre fuera “pijotero”, dijo que incluso su mamá era más “ahorrativa”, y en consonancia con la declaración de su hermana Valentina, contó que antes de instalarse en Río Cuarto, su mamá ganaba más plata que su papá, mientras vivían en Córdoba y él era residente médico.
En varios momentos se quebró en llanto, al recordar a su madre asesinada, a quien definió como “el engranaje de la familia” y señaló que nunca se habló ante ellos de “divorcio”, al contrario, eran “buenos compañeros”.
Marcelo Macarrón siguió las declaraciones de sus hijos desde el banquillo de los acusados y en varios episodios se lo vio llorando, con las manos en la cara y con la mirada perdida, pero los jurados populares se mostraron inmutables ante las muestras de emotividad.