Madres con discapacidad: tres historias de mujeres que derriban prejuicios

Madres con discapacidad: tres historias de mujeres que derriban prejuicios

Anabella, Verónica y Mariana conversaron con Télam sobre sus vivencias, la importancia de derribar prejuicios en torno a la discapacidad y de decidir ser o no madres.

 

Compartimos la nota de Milagros Alonso y Agustina Ramos para Telam

Ilustración de portada: Ana Penyas

 

Romper barreras, el derecho a decidir si quieren tener hijos o no y contar con un sistema de apoyos que brinde asistencia en caso de ser necesario son algunos de los temas que Anabella, Verónica y Mariana plantearon en diálogo con Télam sobre sus vivencias como madres con discapacidad.

 

Anabella Mazzini - Foto: Victoria Egurza

Anabella Mazzini – Foto: Victoria Egurza

 

Anabella Mazzini, de 39 años, es mamá soltera y tiene diversidad funcional producto de una lesión medular contraída por un accidente automovilístico hace 16 años.

Estudió publicidad, locución y teatro y condensa lo que aprendió con sus experiencias de vida en un proyecto que encara junto a cuatro personas con diversidad funcional llamado Sin Tabú Comunicaciones, donde buscan «quitar la mirada limitante hacia la discapacidad», además de tratar otras cuestiones.

Durante la entrevista con Télam, a Anabella la acompañaron dos personas que le dan asistencia y Lisandro, su hijo de dos años, quien por momentos se posaba sobre sus piernas y manchaba su pantalón blanco, mientras en otros le acercaba flores rosas y amarillas del Jardín Botánico.

 

«Somos personas deseadas y deseantes que podemos decidir ser o no madres o padres, como cualquier otra»

ANABELLA MAZZINI

Para ella «fue como un balde de agua» la noticia de su embarazo por los miedos que le generó. «A nivel físico fue un transitar durísimo», contó, pero sin embargo siempre estuvo acompañada de sus amigas y logró cumplir su objetivo de «tener un hijo sociable e independiente».

Para Anabella su rutina diaria implica convivencia.

«La persona que cuida a mi nene, mi nene y yo somos un equipo. Hoy trabajo muchísimo y al nene lo integro en todo. Lo voy a buscar al jardín, a la mañana siempre tengo a alguien que me da una mano y a la noche tenemos un momento de juego si hay tiempo y cuando nos vamos a acostar charlamos mucho sobre lo que pasó en el día y lo que va a pasar en el siguiente», señaló.

En cuanto a la posibilidad de maternar, dijo que «es necesario evaluar cada caso» y destacó la importancia del deseo. «Somos personas deseadas y deseantes que podemos decidir ser o no madres o padres, como cualquier otra».

La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad insta en su artículo 23 a los Estados a poner fin a la discriminación que puedan recibir las personas con discapacidad en «cuestiones relacionadas con el matrimonio, la familia, la paternidad y las relaciones personales».

 

Anabella Mazzini – Foto: Victoria Egurza

 

Verónica González Bonet fue madre primeriza de gemelos hace diez años y contó a Télam que «cuando nos dijeron que eran dos me agarró un ataque de risa y mi marido se quedó mudo».

Por ser una persona ciega, se encontró con «muchos prejuicios de profesionales de la salud» y hasta le dijeron que «no podía cuidar a dos bebés», relató Verónica, de 43 años, integrante de la Red por los Derechos de las Personas con Discapacidad (REDI) y periodista de la Televisión Pública.

«Tampoco romantizo la discapacidad ni me gusta esto de la mamá omnipotente, pero uno se las arregla para hacer un montón de cosas y compartir con los hijos todo lo que pueda y cuidarlos», aseguró la mujer.

Para salir con los chicos a pasear en espacios abiertos compró dos mochilas con arnés que enganchaba en su muñeca y les explicó que «con mamá es de la mano».

Con la llegada de su tercer hijo, compró libros de cuentos y se dedicó a pasarlos en braille. «Escribía en un papel transparente y autoadhesivo, entonces después lo pegaba sobre el libro y los chicos podían ver las imágenes y yo les leía», explicó.

«Cuando eran chiquitos para ellos leer era leer en braille. Una vez mi suegra les quiso leer y le decían que lo hacía mal, que leer era pasar el dedo», agregó.

 

«Tampoco romantizo la discapacidad ni me gusta esto de la mamá omnipotente, pero uno se las arregla para hacer un montón de cosas»

VERÓNICA GONZÁLEZ BONET

 

En Argentina el 10,2% de la población tiene algún tipo de discapacidad y es mayor la cantidad de mujeres que de hombres a medida que se incrementa la edad, según el Estudio Nacional sobre el Perfil de las Personas con Discapacidad realizado en 2018 por el Indec.

La historia de Mariana Chandelier, una persona ciega, y su hijo Mateo, de seis años, también muestra que es posible derribar prejuicios en torno a la discapacidad.

Mariana es productora radial y se desempeña como doula acompañando a mujeres con discapacidad durante el embarazo, el parto y el puerperio.

Respecto a las consultas más frecuentes que recibe, aseguró que «trata de desmitificar el tema» y que «si bien existen circunstancias puntuales que requieren de ciertos apoyos, en general las dudas en relación a la maternidad y la crianza son algo común a todas las mamás, con y sin discapacidad».

«Es importante visibilizar que hay otras posibilidades más allá de lo que se ve en las publicidades de maternidad», aseguró la mujer de 33 años que vive junto a su marido, quien también es una persona ciega, y su hijo en el barrio porteño de San Cristóbal.

Mariana dijo que siempre quiso ser mamá y nunca pensó que su discapacidad visual podía ser un impedimento.

«Se cree que la persona con discapacidad tiene que ser cuidada, entonces ver a una persona con discapacidad que cuida a otra persona es como ¿Qué pasó acá?»

MARIANA CHANDELIER

 

 

Cuando nació Mateo, una de las cosas que más le preocupaban era cómo iba a salir a la calle sola con su bebé.

«Tenía que salir acompañada, cosa que para mí era muy difícil porque siempre me manejé con autonomía», recordó en diálogo con Télam.

Entonces, una amiga le comentó del porteo ergonómico, una «herramienta muy valiosa», que consiste en un portabebés de tela que se adapta al cuerpo y le deja a la madre las manos libres para llevar el bastón.

«El porteo me permitió recuperar la autonomía para salir, pero también sentirme segura con mi hijo y sentir su calorcito porque el bebé va bien pegado al cuerpo», relató.

 

Mariana Chandelier – Foto: Paula Ribas

 

Otra de sus preocupaciones era salir con su hijo a espacios abiertos como una plaza, por eso le enseñó a que le fuera hablando para saber dónde estaba, y también le ponía una pulsera con cascabeles.

«Ahora él ya sabe que nosotros no vemos, de hecho él les explica a otros chicos cuando preguntan por el bastón, les dice que lo uso para caminar. A veces él juega con ramas y me dice ‘mirá mami, tengo un bastón yo también'».

 

«Las personas con discapacidad podremos necesitar apoyos para algunas tareas pero estamos perfectamente en condiciones de maternar, paternar y asumir tareas de cuidado»

MARIANA CHANDELIER

 

Desde que se convirtió en madre, Mariana recibió comentarios de personas que le dicen: «Mateo es tu guía, tus ojos», lo que le parece una «construcción que de a poquito hay que ir derribando porque le ponen a un niño la responsabilidad de cuidar un adulto».

«Se cree que la persona con discapacidad tiene que ser cuidada, entonces ver a una persona con discapacidad que cuida a otra persona es como ¿Qué pasó acá?», apuntó.

Y concluyó: «Las personas con discapacidad podremos necesitar apoyos para algunas tareas pero estamos perfectamente en condiciones de maternar, paternar y asumir tareas de cuidado».

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