¿Por qué Palestina es una causa feminista?

¿Por qué Palestina es una causa feminista?

En estas últimas semanas la violencia del gobierno de Israel, a cargo de Benjamín Netanyahu, contra Palestina tuvo una nueva escalada en Gaza. Carolina Bracco analiza el conflicto desde las herramientas que aporta la perspectiva interseccional y así poder comprender por qué es una causa que el feminismo latinoamericano debe acompañar. 

Por Carolina Bracco para Latfem

Fotos: Emmanuel Dunana/ AFP Via Getty image

 

 

El feminismo nos provee de una perspectiva fundamental de los fenómenos sociales. El feminismo interseccional, como herramienta de análisis político, enriquece y profundiza el abordaje de las diferentes e interrelacionadas opresiones, por fuera de la dicotomía hombre/mujer. A través del feminismo interseccional podemos leer los procesos coloniales, como el que se desarrolla y expande continuamente en Palestina, como un proyecto político que tiene como objetivo la aniquilación de todo un pueblo.

 

Por ello, para abordar una cuestión que se suele presentar como compleja y ajena a los intereses de las feministas latinoamericanas, propongo un abordaje interseccional no sólo para dar cuenta de por qué Palestina es una causa feminista sino también de qué manera puede ayudarnos a enriquecer nuestra comprensión sobre lo que sucede en nuestros territorios.

¿De qué hablamos cuando hablamos de interseccionalidad?

Si bien en estos últimos años la interseccionalidad ha sido un tema común en la teoría, escritura y activismo feminista, se ha convertido de alguna manera en un cliché o lugar común por lo que puede prestarse a confusión de qué manera debe aplicarse en casos concretos como el palestino, aparentemente alejado de los intereses principales del feminismo como acabar con el patriarcado y la violencia estructural de género. En realidad, es sólo a través de un abordaje verdaderamente interseccional que estos dos objetivos pueden lograrse. El feminismo es un movimiento de liberación no sólo de las mujeres, sino de toda la sociedad, por fuera de las jerarquías de raza, clase y género impuestas por el sistema patriarcal-capitalista heteronormativo.

 

La interseccionalidad es un esquema diseñado para explorar las dinámicas entre identidades coexistentes (mujer, palestina) y los sistemas de opresión interconectados (patriarcado, etno-nacionalismo judío). El término desafía el presupuesto de que las mujeres somos un grupo homogéneo y amplía las posibilidades del movimiento feminista en tanto sujeto político ya que le brinda herramientas para comprender de qué manera factores como la raza y la clase interactúan con el género.

 

Ello nos aleja de los abordajes binarios y revela que la estructura dominante de poder es, como señala bell hooks, el “patriarcado capitalista supremacista blanco”. En el caso de Israel, no sólo la población palestina sufrió las consecuencias de un proyecto que se erigía sobre esa base, sino también la población judía árabe que se trasladó al nuevo Estado tras su creación.

 

Foto: Fadi Arouri

 

Adoptando una perspectiva feminista interseccional podemos comprender que Palestina es una causa feminista. Así como identificamos que las mujeres pobres están más oprimidas por ser mujeres y pobres y no sólo por ser mujeres, las mujeres palestinas enfrentan la opresión y la violencia del etno-nacionalismo judío por ser mujeres y palestinas. La violencia estructural del apartheid israelí tiene un impacto desproporcionado en sus vidas y sus posibilidades y, si bien no debe perderse de vista que la sociedad palestina es patriarcal, la libertad de movimiento, el derecho a la educación, a trabajar y vivir donde quiera, a una alimentación saludable, agua potable y tratamiento médico en su país le son negados a las palestinas por el poder colonial: el Estado israelí.

 

Un abordaje feminista del colonialismo 

Desde su constitución en 1948, el Estado de Israel se erigió como el fecundador de una tierra ajena, como un violador orgulloso que intentó despojar de su identidad a la población nativa. A través de ese acto tan propio de los Estados homonacionales modernos en un espacio colonial racializado, aún desarrolla y depende de estrategias de dominación que están estructuradas profundamente en relaciones de poder basadas en el género, típicas de las sociedades coloniales. En el disputado territorio sobre el que extiende actualmente su soberanía -entendida como quien detenta la decisión de quién puede vivir y quién debe morir-, los cuerpos de las mujeres, su capacidad de dar vida y su identificación con la tierra representan no sólo una amenaza demográfica sino también al propio corazón del régimen. Por ello, se las representa como sin agencia, como víctimas pasivas de una sociedad a la que se deshumaniza y margina.

 

Las dinámicas del poder patriarcal son fundamentales para el colonialismo. Una comprensión feminista del colonialismo nos permite entender la compleja dinámica de poder de género entre colonos y colonizados. La avanzada del proyecto colonial israelí contra la continuidad de la vida palestina ha estado históricamente enfocada en las mujeres. El Estado de Israel fue construido como un proyecto masculino, como una fraternidad emergida de la memoria, la humillación y la esperanza masculinizadas. Las metáforas sobre fecundar una tierra supuestamente virgen y con ello humillar a la población masculina nativa está en el centro de las narrativas coloniales. La imposición de una masculinidad blanca dominante se impuso no sólo a través del discurso sino también con las violaciones a las niñas y mujeres palestinas para instalar el terror en la población local, lograr su expulsión y desmovilizar la resistencia a la ocupación.

 

A través del uso de la violencia política de género por parte del poder colonial, se busca conseguir objetivos políticos y evitar que las mujeres se unan a la resistencia. Este tipo de violencia se manifiesta en la forma de detenciones arbitrarias y la amenaza o ejecución de violencia sexual, un tema sensible para la sociedad palestina.

 

Así, la cruzada contra la continuidad de la vida palestina apunta a las mujeres en todas las esferas. No sólo como potenciales agentes de reproducción de la vida, como madres y cuidadoras, sino también como reproductoras de la vida social y cultural. Como todo régimen colonial, busca quebrar a las mujeres para destruir la vida política y social indígena. En este contexto, la degradación de las condiciones de vida de la población palestina bajo el gobierno colonial israelí en todo el territorio ha sido constante y especialmente destructivo para las palestinas ya que se enfrentan cotidianamente a la violencia sistemática que coarta sus libertades, oportunidades económicas, libertad de movimiento y salud reproductiva. Son víctimas de violencia de género por parte de los solados israelíes en los puestos de control y en las cárceles. La ocupación continua del territorio, los desalojos violentos y la situación de pobreza relacionada impacta doblemente en sus vidas ya que además generan un espiral de violencia que decanta muchas veces en los femicidios o “crímenes de honor”.

 

 

Feminismos y Activismo LGBTQI desde los territorios

El año pasado conversé con la académica y activista feminista Yara Hawari sobre este tema, en relación al femicidio de Israa Gharaieb, que movilizó a las mujeres de todos los territorios palestinos (dentro de Israel, en Cisjordania, Gaza y campamentos de refugiadxs) y la conformación de un nuevo movimiento feminista integral: “Realmente el asesinato de Israa Ghreib fue un catalizador para este movimiento que se estableció no como una mera respuesta a los femicidios y la violencia doméstica sino también en respuesta a la marginación que sufrimos las mujeres de los proyectos políticos. De alguna manera el discurso sobre la violencia doméstica y los crímenes de honor han estado separados del contexto político más amplio que muchas mujeres palestinas, especialmente las que forman parte de este movimiento, reconocen que no pueden ser pensados como cosas separadas. Lo que les sucede a las mujeres palestinas tanto en sus casas como en la calle sucede en un contexto de colonialismo y esto es algo que no puede ser ignorado. Tala’at, nuestro movimiento feminista radical continúa una tradición del feminismo radical que reconoce la lucha de las mujeres, la lucha de las trabajadoras, la lucha de las mujeres de color. Y este movimiento fue lanzado en septiembre de 2019 cuando tomamos las calles en todas las ciudades palestinas para decir que nuestra lucha es una sola lucha y es una lucha política, no simplemente una lucha social. Y fue muy significativo porque esta es la primera vez en mucho tiempo que activistas a lo largo de la llamada “línea verde”, esta frontera colonial falsa levantada por Israel (que separa las ciudades palestinas dentro de Israel de los territorios ocupados en 1967), se unieron en una consigna política y lo más emocionante es que se trata de una consigna feminista. No sólo es importante y emocionante por ese motivo, sino también porque estamos hablando de temas que son quizás considerados tabú o que son difíciles para la sociedad palestina y son temas que también son difíciles de hablar en otras sociedades también. Estamos hablando de combatir los estereotipos orientalistas y racistas, la idea de que el patriarcado es algo que se da sólo en Medio Oriente o en el llamado Tercer Mundo, algo que sabemos que sabemos muy bien que no es así”.

 

Las palabras de Yara echan luz sobre dos cuestiones fundamentales. Tener a la mitad de la población palestina desmovilizada y descalificarla en su conjunto como atrasada y misógina son dos estrategias que ha utilizado históricamente el poder colonial para legitimar la opresión que ejerce sobre otro pueblo a la que se le suma, casi de manera natural, la etiqueta de homofóbica, para contraponerla a la moderna, igualitaria y gay friendly israelí. A esta estrategia, la comunidad LGBTQI palestina la describe como pinkwashing.

 

 

El pinkwashing, según la activista lesbiana Ghadir Shafie del colectivo Aswat, es deliberadamente explotado por el gobierno, las instituciones y gran parte de la comunidad LGBTQI isrealíes, con el fin de desviar la atención de las graves violaciones a los derechos humanos y el incumplimiento del derecho internacional. El uso cínico de la propaganda de los derechos LGBTQI por el gobierno israelí, a través de la imagen que da hacia afuera busca ocultar la realidad de su sistema de ocupación y apartheid, exponiéndose como un paladín de la libertad y diversidad en una región homofóbica y misógina. Por ello, lxs activistas LGBTQI palestinxs han llamado a grupos internacionales que pertenecen a este colectivo a defender los derechos humanos de la población palestina en su conjunto.

 

En todo el mundo, los pueblos originarios resisten, crean y se encuentran en la lucha. Comprender lo que sucede en Palestina con lxs palestinxs nos ayuda a entender nuestra historia pasada y presente a través de los procesos de colonización territorial y cultural. Una perspectiva y una militancia feminista interseccional no puede mirar para el costado si se piensa y se siente como un movimiento de liberación que pretende transformarlo todo.

Compartinos tu opinión