El deseo es una especie de galaxia

El deseo es una especie de galaxia

El deseo es una especie de galaxia*. Polémica y desenfreno en dos ensayos sobre el amor: Y sin embargo el amor, de Alexandra Kohan y En caso de amor, de Anne Dufourmantelle.

Por: Camila Vazquez

 

I

El amor es lo que más me importa en la vida. Voy a escribir este ensayo procurando el mayor nivel de vulnerabilidad porque estoy cansada. A raíz de un cansancio epocal, el cansancio de por no poder ser la mujer liviana que se debe, por haber tenido amores que me corroyeron por dentro, por haber sido una mezquina, una irresponsable y después, y en simultáneo, un animal herido, y un animal tonto, un perro entregado, doy con lecturas que me hagan sentir menos sola. No. No creo en la autoyuda. No creo en ella desde un lugar snob: no creo porque ofrece soluciones. Las mismas que leo en instagram desde páginas progres. Me dicen cómo amar, cómo ser mejor feminista, cómo no tener celos, cómo ser verdaderamente libres. Me siento un zombie, sí, un zombie, una bestia que sobrevive adaptada a la época. Pero lejos estoy de asumir mi crueldad y mis agujeros y por eso escribo, por eso leo. También, por eso mismo, llegué a terapia: entre los deber ser de la época y el corazón que me pulsa adentro, que puede a veces, que desea otras, con fervor no siempre lo más conveniente o lo más correcto. Busco ensayos para leer que sean ciertos, en los que atrás no haya un troll de la corrección política, si no unx ser humanx. Alguien falladx. Los encuentro -a lxs falladxs y a los libros- y los leo como rejuvenecida, como respirando. Sí, leo sobre el amor porque ese pulso que es para mí vórtice caótico de deseo, afecto, ternura, rechazo, literatura, soledad, soledad, me parece el lazo más humano de todos con la falta de sentido constante que puede ser el mundo. El amor, ese sentido fugaz. En esta columna voy a ensayar -el ensayo nunca está finalizado, es una idea que se hace en la marcha- algunos ejes de lectura en torno a dos textos sobre el amor: Y sin embargo el amor. Elogio de lo incierto (Paidós, 2020), de Alexandra Kohan y En caso de amor. Psicopatología de la vida amorosa, de Anne Dufourmantelle (Nocturna, 2020).

 

 

II

Un buen ensayo, para mí, le da lugar a una voz desordenada y profunda. El ensayo aviva las ideas como una fogata. En ellas prende una luz titilante, una estrella que pronto puede apagarse. Me gusta la finitud de las ideas. Ese lugar ensayado, esbozado, de certeza precaria, me parece una honestidad hermosa. Yo no soy filósofa, no sé qué es la verdad, pero esa vulnerabilidad viva en la escritura, me parece una forma de lo cierto.

 

Alexandra Kohan, psicoanalista y docente de la UBA tiene algunos libros publicados que discuten con ciertos mandatos de la época. Se asume feminista, pero mira esa forma de habitar el mundo con ojos audaces. A veces pienso que mirar de manera feminista es poder permanecer en esa cosmovisión sin incurrir en la binariedad: revisar, repensar, discutir, no es igual a cancelar. ¿Por qué los feminismos tienen que ser una certeza en vez de un espacio para habitar desde la falta?, ¿o por qué no ambas? Certeza y falta. Un movimiento que se parece al de las olas, una pulsión natural que hace las veces de hermosa analogía para pensar el feminismo, para pensar las ideas, para pensar las ideas que hacen cuerpo.

 

A diferencia de Y sin embargo el amor, título al que haré mención a continuación, su anterior ensayo, Por una erótica contranatura, no me gustó. Me pareció un ataque desmedido hacia las ¿nuevas? formas vinculares. Pero en Y sin embargo el amor, me parece, la autora logra dos cosas fundamentales: 1) asumir un lugar enunciativo que disputa, que discute, y que pelea con belleza y 2)inmiscuirse con agudeza sobre ideas que se asumen como verdades universales. Tampoco soy psicoanalista, pero mi poco recorrido en terapia me ha llevado a ¿asumir?, ¿ver? cómo algunas verdades universales no pueden encarnar en este cuerpo finito. Hay desgracia y libertad en la finitud.

 

Kohan va a posicionarse con cierta duda sobre las recetas amatorias con las que parecen manejarse los vínculos actuales: “tal es unx tóxicx”, “tu relación no es sana”, “tenés que soltar”, “el amor no duele”, “sos muy intensx”. Si bien me parece que todas esas premisas tienen la intención de protegernos a quienes hemos sido educadxs en el amor romántico -cuyas consecuencias gravísimas pueden ser los femicidios constantes, la violencia física, psicológica, simbólica- y de poder corrernos de allí para seguir con vida, tampoco la sanitariedad del amor me parece una verdad posible. Miles de amigxs mandándose chats con vistos sucesivos, con faltas de respuestas, con ausencias, con desencuentros. Lx otrx siempre es tóxicx. Nunca hay un lugar que unx también legitima. Sin quererlo,  las verdades universales también nos posicionan en cierto margen meritocrático. Querer es poder ser mejor feminista, mejor novix, compañerx, más libre, más despegado. La deconstrucción es un nirvana que se alcanza con la voluntad.

 

En el libro de Kohan, como lejano eco de mi transferencia, resuena lo más liberador que escuché en el último tiempo. Mi psicóloga me dijo en una sesión que eso que creemos lo mejor, la idea más justa, eso que defendemos a muerte en las calles, con nuestro tiempo finito, con su cuerpo precario, no es necesariamente lo que podemos sostener todos los cuerpos particulares. Somos cuerpos particulares haciendo un colectivo. Tenemos fallas y suturas. ¿Quién tiene la relación ejemplar?, ¿quién, aún en la calma de las vacaciones en un lugar paradisíaco, un domingo temprano por la mañana, no sintió el miedo comerle los huesos por un hipotético abandono, por quedar expuestx en la ternura, por mostrarse genuinx, incompletx, falladx, frente a aquel/ aquellxs a quien ama? Dice Alexandra: “Que las luchas declaradamente emancipatorias no arrasen con la singularidad del deseo; soportemos que las emancipaciones sean singulares -lo que no significa una salida individual-; no agobiemos la inquietud que suscita la otredad como tal, la del deseo”.

 

 

III

Pero hablo de Kohan porque quiero hablar tambiñen de Anne Dufourmantelle, una psicoanalista y filósofa francesa que falleció en 2017, pensadora con la que Kohan podría trazar una tradición de escritura.. En la edición argentina del libro de Dufourmantelle hay un agujero. La tapa agujerada viene recubierta por un sutil papel transparente donde se halla inscripto el título del texto junto con algunos datos editoriales. Como el libro me gusta ferozmente -mientras lo leo, pienso en Helene Cixous, y en esa escritura desbordada que a veces traen los textos que lindan con lo ensayístico- lo marco con rusticidad. Subrayo, hago anotaciones, llevo ese objeto agujereado y precioso de aquí para allá y su sutil recubierta se arruina. Si una desea como escribe, ¿desea como lee? Me arrepiento de mi descuido porque ese objeto editado con esa minucia en su tapa merecía otro cuidado.  Pero soy voraz y esa minucia se me desgrana, hasta que lo dejo desnudo, al libro, digo, y me quedo con su corazón vacío. Y menos mal. Ahora tengo ese libro salvaje en la memoria de mi cuerpo y no en el pedestal cristalizado del respeto. Yo no tengo respeto.

 

Toda la experiencia de lectura es porque la lectura viva, me parece, no es un acto erudito. A quien lee, algo que le falta y lo  busca desesperadx. Como quien ama. Algo que no va a tenerse nunca. Anne Doforumantelle alienta en su libro hecho de pequeños ensayos basados en casos de la clínica, que son reales porque son ficción -ya hemos dicho alguna vez en estas columnas que no es mentira la ficción, si no que su carácter de verdad funciona en tanto nos revela algo sobre el mundo-. Sus pacientes: incestuosxs que no lo saben, como Edipo; corazones fríos que jamás dejan ir a su primer amor; tríos; bisexuales; personas prudentes llenas de una furia interior. Y siempre la mirada compasiva sobre ese conjunto de heridas: en el fondo cada quien con su demanda de amor, con su incompletud, con sus cicatrices iniciales.

 

 

 

 

IV

A pesar de que asumo el riesgo, no porque sea valiente, sino porque la vida sin riesgos no existe, el amor como fuerza irremediable que nos toma es también una idea romántica, alejada de los posmodernismos. Romántica no por rosa -cuánto de oscuridad hay en el amor- si no por el hálito pasional que la sostiene.

 

No soy psicoanalista, repito, pero el amor es lo que más curiosidad me genera en el mundo, un amor que puede estar en el lazo incomprensible con la naturaleza o en ese lazo incompleto que intentamos tender siempre hacia otrxs. Eva Illousz tiene un libro fundamental, ¿Por qué duele el amor? Una explicación sociológica, en el que traza las formas en las que se vivió y se vive el amor en distintos momentos históricos y cómo este amor se vincula con modelos económicos y políticos. Alguna vez también comentamos aquí el libro de Tamara Tenenbaum, El fin del amor. Querer y coger.Toda una bibliografía que nos permite mirar en complejidad esta fuerza que nos toma, pero que también es una fuerza educada. Entonces, ¿cómo amar en ese tambaleante limbo,en esa danza entre las mujeres  ideales que queremos ser, las más desapegadas, las más libres, las más poderosas, y las mujeres podemos ser?. ¿Cómo amar cuando en el seno de esos núcleos matan a tantas de nosotras?, ¿y después, cuando quedamos vacías de darlo todo?,¿cómo “dar menos”? ¿se puede regular el amor?, ¿quién puede?, ¿cuál es el costo desgarrador de fingir las poses imposibles de la corrección política? Tenemos manuales para practicar BDSM, guías de tips en instagram sobre cómo gestionar tus emociones furiosas para amar en libertad, tenemos recetas de sanidad amatoria y unos mandamientos que, de romperse, nos dejan en el séptimo círculo del infierno: celosas, irresponsables afectivas, egoístas, intensas. “Amiga, no seas tan intensa”, es a veces el consejo prudente que se reproduce incansable. Que nos deja contenidas en nuestro sitio. Correctas, sin quejarnos, sin sentir. Porque la emoción es cosa de débiles. Como si no hubiera en la sensibilidad potencia política, como un torrente. Nadie sabe como amar. Pero, en caso de amor, pienso que es vital aventurarse. Un amor  que no nos traicione a nostrxs mismxs. ¿Será posible ese gesto de ternura personal, ese gesto de ternura colectiva?

 

 

*El título hace mención a una cita de Marcelo Percia incluida en el ensayo de Alexadra Kohan “Y sin embargo el amor. Elogio de lo incierto”.

Compartinos tu opinión