Abortar en Río Cuarto: “No tenía adónde ir, tuve miedo”

Abortar en Río Cuarto: “No tenía adónde ir, tuve miedo”

Una mujer de 33 años abortó en 2018, en una ciudad donde la frase “aborto seguro” sólo se lee graffiteada en las paredes. Tres años después, cuenta su experiencia para pedir #quesealey.

Por: Magdalena Bagliardelli

El día que el test le dio positivo, Romina se dio cuenta de que no podría continuar con la gestación. Tenía 31 años y miedo por lo que se venía. La decisión la tomó sola, el varón con el que había tenido relaciones sexuales no la llamó nunca más, aunque sabía del riesgo que corrieron.

En Río Cuarto, una ciudad donde la palabra “aborto seguro” se lee sólo en graffitis en las paredes, no es fácil saber qué hacer. “Recién ahora y con terapia mediante puedo hablar de lo que pasó”, asegura la mujer que hoy tiene 33 y cuya identidad resguardamos.

Su experiencia fue en 2018, el mismo año que el proyecto de IVE conseguía media sanción por primera vez. “Contacté a mucha gente y no encontraba lugar para hacerlo de manera segura. Un médico me cobraba $60.000 en ese momento, y si bien yo no tenía la plata, mi mamá me dijo que de algún lado iba a salir, pero seguí buscando otra opción”, cuenta. El monto hoy según otras experiencias asciende a los 100 mil pesos en los casos en que aceptan esa moneda, por lo general se cobra en dólares.

Los días pasaban y la desesperación iba en aumento como el embarazo. Las opciones de la clandestinidad no le generaron confianza, y fue a consultar a su ginecóloga. Llegó nerviosa, con miedo al rechazo, y sólo le contó que su test había dado positivo.

-No lo querés tener, se adelantó la doctora.

-No, afirmó ella.

La médica de Romina buscó en su teléfono el contacto de Socorro Rosa, una organización que “brinda información y acompaña a quienes deciden interrumpir un embarazo no deseado”.

La mujer se contactó por Facebook con las socorristas y encontró las palabras mágicas: “Quedate tranquila que vas a tener un aborto y de manera segura”. Ése era su mayor deseo. “Ese mensaje me generó una tranquilidad que no puedo explicar. Si de algo estoy segura es que cuando una mujer quiere abortar, está dispuesta a todo para lograrlo”.

El aborto sucedió en la casa de su mamá, junto a su hermana, y una voluntaria de Socorristas que la fue siguiendo por celular. Tuvo fiebre, escalofríos, sintió dolores fuertes, tuvo miedo de morir, y hasta de terminar en la cárcel, nada la detuvo: “cuando una mujer quiere abortar, está dispuesta a todo para lograrlo”.

Todo el miedo y angustia reconoce que “es producto del desconocimiento del método. Me sorprendió la cantidad de información que desconocía. Las socorristas me orientaron a mí y a otras mujeres que estábamos en la misma”, dijo.

Sus amigas, profesionales, con estudios terminados, tampoco tenían información, pese a que es una práctica cotidiana en Río Cuarto, como en el resto del mundo. “No tuve que someterme a ninguna operación ni nada. Es un proceso que lleva tiempo. Ese mismo día yo fui a trabajar. Después seguí con dolor un par de días más”, recordó.

Romina pagó las pastillas pero sabe que hay otras mujeres que no pueden acceder, el costo del Misoprostol hoy en el mercado ilegal es de $16.000, el doble que en el mercado legal. “No dejo de pensar que hay gente que no tiene recursos ni para comprar el medicamento ni alguien de su familia con quien hablarlo. Había una chica de 14 años que contaba que si la madre se enteraba la echaba de su casa”, recuerda.

“Hablan desde desconocimiento”

“En mi vida, el aborto marcó un antes y un después”, confiesa. “Yo antes de que me pasara, no tenía una postura a favor o en contra de la ley, y después de que vi la realidad estoy a favor. No es un trámite o una situación liviana. Hay miedo a morir, muchos nervios de no saber qué hacer, angustia, culpa. Por eso, con la ley creo que va a haber más información, más lugares adonde acudir”, opina.

Romina siguió el debate en Diputados y dice que “la carga recae siempre sobre la mujer. Parece que los tipos pueden hacer lo que quieran, pero las mujeres tenemos que ser responsables”.  Dice que “la liviandad” con la que hablaban en el Congreso la motivó a contar su experiencia. “Te hacen sentir culpa, que sos egoísta, que tu objetivo en la vida es ser madre… en realidad creo que vos tenés derecho a ser madre cuando quieras”.

Romina se sorprende porque después de abrirse y contar su experiencia a otras mujeres, conoció muchos testimonios de otras más grandes que también habían abortado de jóvenes, entre ellas su mamá cuando tenía su edad. Pero la profesional que la atendía en ese momento le dijo “¿no querrás abortar?” Y ella no pudo decidir.

“Se niega que sucede y que sucedió siempre. La persona que quiere abortar, lo va a hacer”.

Hace dos meses una amiga le pidió el teléfono de Socorro Rosa. “Las chicas tienen derecho a un lugar seguro dónde recurrir. La contención es clave desde el principio”.

 

 

 

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