Las invitadas: La literatura del temer del arte

Las invitadas: La literatura del temer del arte

Las Invitadas: notas de clase.

Por Camila Vazquez

Las Invitadas es un territorio literario feministas: es un taller literario, pero también son los borradores de mis lecturas que se publican aquí, en La Marea, en forma de columna. Y todo lleva ese nombre porque todo se fusiona en ese espacio que tiene cuerpo en la palabra.  El recorrido lector de esta nota en particular es uno que nuclea trayectorias lectoras y que se enuncia, más bien, como una clase. O varias de ellas: desde la semana pasada, el taller regresa hacia los confines del terror y de lo fantástico, dos latitudes que ya había visitado. Pero ahora, para adentrarse de lleno en la premiada novela de Mariana Enríquez, Nuestra parte de noche, que editó Anagrama.

Pienso este módulo abierto de Las Invitadas, un taller que ya lleva dos años en el ruedo y que es para mí un espacio lleno de deseo y vitalidad. Un camino de investigación y de placer, como toda investigación debería ser. Pero las invitadas no es un espacio académico. Es un espacio práctico, que, sin pretensiones de cientificidad, genera su propia teoría, su propia crítica literaria: cada encuentro es un esbozo de lecturas, una discusión en torno al sentido, un leer siempre con los ojos de quien combate. No ya una “literatura feminista”, si no un leer feminista.

A la hora de pensar este módulo, como les decía, tengo varios problemas: el principal, es que el terror en tanto subgénero narrativo, parece ser uno menor, al menos en la literatura argentina, que , sin embargo, es una literatura cargada de terror. O cargada de horror. Tampoco será el objetivo de este taller proveer de una categorización acabada del terror en nuestra literatura, sino, más bien, pensar, habilitar esa búsqueda en la obra de Mariana Enríquez, la autora que aquí nos reúne.

En principio, creo que existen figuraciones del horror en muchísimos textos que entretejen este campo literario, que hacen presentes en textos fundacionales -es decir,que abren, que marcan un camino estético y político porque el filtrará y disputará poder el discurso literario- como el Facundo de Sarmiento o El Matadero de Echeverría.

Curiosamente, los dos nombres anteriores, de dos autores varones, están asociados a la llamada generación del 37´, un grupo de intelectuales y políticos que propugnaban el abandono de las formas monárquicas, para perseguir la posibilidad de una democracia en este territorio.Pero no durarán mucho el tiempo las flores, al menos aquí,para estos muchachos, porque esta mención nos lleva directamente al primer punto que quiero comentar.

La fiesta de les monstrues 

Spoiler alert: este es un taller federal y bárbaro

Como ya hemos comentado en varias ocasiones en Las Invitadas -Las Invi, como le decimos coloquialmente- y como muches crítiques literaries señalan,la dicotomía Civilización y Barbarie atraviesa nuestra literatura al menos desde que “el país”, esa entidad, comienza a generar sus discursos para forjarse como tal.

El inicio de nuestra literatura está ligada a la prensa, al periodismo: no hay literatura argentina sin periodismo. Este rasgo hace que las formas de circulación de estos discursos esté plegada a las de aquel otro, el periodismo, y que , por ende, esté teñida de las disputas que ese último discurso proyecta. Así, literatura y política no están escindidas cuando los primeros textos que se registran como fundacionales comienzan a aparecer. Pero este punto hace parecer que  literatura es solo lo escrito o solo lo producido por la alta cultura.

Pues no: habrá producciones orales que generen contrapuntos. El nacimiento de la gauchesca, por ejemplo, está vinculado a la poesía oral, a la música, a la payada. Y este mismo  género concluye con el Martín Fierro porque allí muere el gaucho simbólicamente, en tanto sujeto político.

Todo este rodeo era para decir que esa misma literatura inicial va a configurar las bases dicotómicas con las que se establece el mapa político en argentina: Civilización o Barbarie. Civilizados -siempre en masculino-serán los letrados, los blancos,los liberales, los intelectuales. Así, veremos a Sarmiento y a Echeverría levantar las banderas de la libertad y así lo habremos aprendido en la escuela. Una libertad pulcra y civilizada. “Las ideas no se matan” va a acusar el célebre padre de la escuela. ¿La libertad a costas de qué?,¿qué implica esa libertad, Sarmiento?, ¿tu libertad sobre la de quién?, ¿libertad para quiénes?, ¿quiénes son les humanes libres? Antiguas preguntas de la humanidad, antiguas preguntas de la opresión.

Así, Salvajes serán los Federales,comandados por el déspota Juan Manuel de Rosas, dirán algunes. Salvaje porque va a matar y a reprimir a los infieles a la restauración. Se lo comparará con Bonaparte, y, más tarde,con el General Perón. Así, el horror va a estar encarnado en esos textos iniciales por las prácticas de la muerte ejercidas por los sujetos bárbaros: gauchos, caudillos, federales, aborígenes. El desierto -la pampa-,ese “vacío”, va a engendrar subjetividades bárbaras, como ese mismo territorio. Y esas subjetividades van a presentarse como “el horror”: en Sarmiento, el portado en caudillos bárbaros y despóticos como Facundo Quiroga; en Echeverría, y en particular, en El Matadero, por la violación en manada de la barbarie al joven unitario; en Mansilla en la inocencia y la presunta torpeza de los indios; en Borges -y también en Cortázar, hay que decirlo, hay gorilas de izquierda- en el rechazo al peronismo. Pero aquí, como verán, impulsaremos una estética feminista, popular, bárbara e insurgente, y por eso estudiamos y leemos a Enríquez. 

Somos las hijas de todas las brujas que nunca pudieron quemar

Algunas críticas literarias, como Isabel Stratta  y Alicia Borinsky, señalan a Macedonio como ¿creación? de Borges y de Cortázar. No porque este no existiera empíricamente, si no porque este recién venido a la literatura, como él mismo se proclamaba, gestó un obra diferida y fragmentaria, que Borges y Cortázar descubren e incluso ponen a circular. ¿Por qué hablamos de Macedonio y antes de la santa federación? Aquí vamos, paciencia.

La mención a los anteriores autores faros -que trazan un camino y que ocupan un espacio simbólico de gran poder en el campo literario- tiene que ver con un subgénero muy prolífico en la literatura argentina: el fantástico, a la vez ¿fundado? por aquellos mismos autores -autorxs-y ahora veremos por qué .

Desde aquella literatura entre nacionalista y liberal que se entreteje en el inicio de nuestra país, nos venimos hasta el siglo xx: con el boom latinoamericano -un fenómeno de mercado que posiciona la literatura latinoamericana en el consumo europeo- el oficio de escritor se profesionaliza -para unos pocos-.  Figuras como Borges o Cortázar vienen a probarlo. 

El asunto con el fantástico es que desde el 60’ en adelante el realismo como forma de representación entra en crisis y en Argentina prolifera este género que había iniciado con Lugones pero que toma esta apariencia “cotidiana” que llamaremos fantástico ríoplatense  con lxs autores vinculados a Sur, una de las revistas literarias más importantes de Argentina, pero también del territorio de América Latina. Asociamos a este universo a figuras como el ya nombrado Jorge Luis, al no tan querido Bioy Casares y a la abuela de todo este asunto: la mismísima Silvina Ocampo. También a su hermana, Victoria, alguien que podemos pensar mejor en su calidad de gestora cultural, una de las primeras feministas declaradas de Argentina, y también una personalidad que , junto con las del latin lover Adolfo, opacará durante décadas la figura de Silvina.

El fantástico que el grupo de Sur empieza a gestar es uno que pone en jaque la idea de “realidad”, no ya a través de la magia o lo maravilloso, si no en el propio núcleo de lo cotidiano: la idea de realidad no es más que una ilusión.

Ahora bien, comentamos entonces el fantástico porque, dado que no hay exhaustivos estudios sobre el terror en la literatura local, buscaremos sus antecedentes en los lindes, pero, en particular, este  antecedente, uno clarísimo: el que coloca como madre de una constelación de escritoras a Silvina Ocampo. ¿Entonces por qué todo el recorrido anterior, señora profesora?, se preguntarán ustedes. Pues bien, genealogía mis queridas. Genealogía. Creo que el gesto genealógico es altamente feminista, en tanto permite pensarnos en relación a otras, pensar qué caminos transitaron otras para llegar a ser escritoras en el arduo territorio de poder que desde que la humanidad existen se reparte entre los varones. 

¿Por qué el antecedente binario?, podrían preguntar.¿Por que el antecedente del terror en Enríquez -que a fin de cuentas, es a quien vinieron a leer, debería ser una mujer? No sé si exista un deber, además de que esa palabra se la dejamos a los milicos y a la moral.No hay un deber, pero en cambio hay una prueba concreta, un hecho fáctico, eso que parece que no existe en el plano intangible de las letras: resulta que la obra de Silvina Ocampo sienta las bases de lo que más adelante, Schweblin y Enríquez explotarán en nuevos niveles en sus propias obras. Esto es una hipótesis, una de las hipótesis que ordenarán este taller, pero creo que es posible probarla.

Silvina Ocampo, la hermana menor, como se la llama en el retrato que escribe la propia Enríquez sobre la mujer en cuestión, genera un fantástico menos intelectualoide que el de Borges: menos infinito y más vida práctica, papu, que lo fantástico está a la vuelta de la esquina y tiene forma de infancia perversa, de deseo profundo, de sentimientos incorrectos. Así, si Borges y Cortázar operacionalizan el proyecto estético de Macedonio; Schweblin, pero sobre todo Enríquez, van a explorar una nueva dimensión de lo fantástico e incluso del terror -que , opino, a veces están uno en el otro y viceversa-  que ya estaba contenida en Ocampo. Algunos rasgos concretos de esta hipótesis de lectura pueden rastrearse en la infancia como tópico, una infancia maldita; la búsqueda de lo fantástico no ya en el resquebrajamiento de  las convenciones ilusorias que “la realidad” sostiene, si no en la subjetividades que ese eje de realidad -occidental, blanco, capitalista, heteronormado- produce. 

El terror social de Mariana Enríquez: el retorno de los monstruos rosistas

Como comentábamos al inicio, y en esta lectura dialógica, siempre en relación a, las formas de lo salvaje se encarnan el mapa político en el gaucho, el indio, el caudillo, el obrero, el villero.Lo salvaje, la condición de otredad peligrosa y criminal, portadora del horror a los ojos blancos, se resignifica a lo largo de nuestra historia y de nuestros esquemas políticos. Para esos mismos ojos liberales, los mismo que tenía Sarmiento, el salvaje no es persona: es monstruo o bestia.

A menudo se habla de los monstruos rosistas: toda la maquinaria de la Mazorca, que efectivamente funcionó a través de la persecución y la violencia, es presentado por los intelectuales el 37’ como otra de las formas de la barbarie. Si el bárbaro es monstruo, solo puede expresar la violencia. Y aunque federales hayan impulsado “la violencia”-y sin intención de buenizar a nadie-, vale preguntarse ¿cómo reacción a que?,¿fueron naturalmente malos? Por supuesto que muchas formas de ejercer la violencia  son inconcebibles en el marco de una democracia. Pero, ¿por que la exclusión del mapa político, la apropiación de tierras, la aniquilación de culturas justificada e impulsada por los mismos sectores liberales en la masacre de La conquista del desierto no son formas de la violencia? Tal vez porque el hombre blanco ha creído que lo que no es hombre blanco no es persona. Con toda su erudición a cuestas, los hombres blancos del 37’ justificaron, desde entonces, una lógica racista que caló en nuestras formas de organización política, que expulsó de su condición de sujetos de derechos a miles de subjetividades diversas. Esto, dice Rita Segato, es un ordenamiento capitalista y patriarcal, en tanto estas formas opresivas y racistas de ejercer el poder son patriarcales, al margen de los sujetos que las propugnan. 

Entonces, aquí nos trasladamos hacia el retorno de los monstruos rosistas: en la obra de Mariana Enríquez, sobre todo, en sus cuentos, asistimos a un terror social, que , mientras se entrecruza con la mitología popular argentina, trae otra vez al centro de las discusiones a las subjetividades que tanto temieron los blanquitos del 37’ casi como castigo: la pobreza, la consecuencia más atroz de los sistemas políticos neoliberales. Pero también la dictadura en tanto aparato represivo e ideológico sostenido igualmente por los sectores liberales y conservadores; la infancia perversa de Ocampo; el fanatismo,la cultura del rock; los hombres hermosos, los celos. Esta apuesta se redobla en su última novela, Nuestra parte de noche, que es el texto que trabajaremos en los encuentros de este módulo comentaremos, y se complejiza.

 

Esto es apenas el recorrido inicial que la novela que aquí nos reúne nos plantea. Aquí empieza la tarea lectora de todas: ¿que es lo tenebroso en Nuestra parte de noche?

 

Bibliografía sugerida: algunos títulos que orientan el recorrido lector

 

  • Un clásico de Julio Cortázar para pensar lo gótico y lo fantástico:

https://www.persee.fr/doc/carav_0008-0152_1975_num_25_1_1993

 

  • Un texto actual y accesible de divulgación sobre lo gótico contemporáneo:

https://ardea.unvm.edu.ar/ensayos/gotico-en-el-rio-de-la-plata/#:~:text=En%20Argentina%2C%20el%20g%C3%B3tico%20toma,imprescindibles%20al%20g%C3%B3tico%20para%20existir.&text=No%2C%20el%20origen%2C%20el%20germen,argentina%2C%20el%20mism%C3%ADsimo%20Esteban%20Echeverr%C3%ADa.

 

  • Sobre la obra de Mariana en particular:

 

https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/mariana-enriquez-y-los-miedos-sociales-nid1912295

 

Una tesis sobre ella:

http://repositorio.udesa.edu.ar/jspui/bitstream/10908/16623/1/%5BP%5D%5BW%5D%20T.L.%20Com.%20Pastorino%2C%20Agustina.pdf

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