Las Invitadas: El conjuro de las putas: magia, amor y ternura contra el hundimiento del mundo.

Las Invitadas: El conjuro de las putas: magia, amor y ternura contra el hundimiento del mundo.

Un comentario sobre Las Malas de Camila Sosa Villada.

Por Camila Vazquez. 

Escribir esta columna me sitúa frente a preguntas del orden de una ¿ética? de la literatura: quiero escribir aquí sobre Las malas, una novela/ biografía de Camila Sosa Villada. Lo trans en la literatura es todo un campo de estudio -y un campo de disputas-. Lo fuimos y lo somos también las mujeres, bichos extraños que hay que estudiar en sus representaciones y bichos que, si no se estudian, no se nombran, se invisibilizan. Disyuntivas. Pero no dicotomías: todo depende desde dónde y cómo miremos, estudiemos, leamos. 

Vengo aquí con muchas preguntas: ¿desde dónde leer Las Malas? Es cierto, es una novela -así la llamaremos en principio- que narra un dolor, un dolor enorme: el de las travestis. Que narra un destierro: el de las travestis. Pero sobre todo, una fuga, un desacato: el de las travestis. La huida, y con ella el castigo y la libertad, de las garras de la heteronorma. 

Pero no quiero leer Las Malas desde una ética sufriente por dos razones. Una: la conmoción ante el padecimiento ajeno, a veces sostenida bajo el velo de la empatía, me parece a veces un buen camino para lavar culpas. Las mujeres cis no estamos desprovistas de ese camino de opresión sobre otrxs: somos responsables de nuestros privilegios. Dos: la reclusión de las identidades trans y travestis a un único lugar inamovible, el dolor, es también un acto de la crueldad, un acto del morbo. Quiero hablar de Las Malas porque allí se teje toda una política de los afectos. Y de las capas que allí se despliegan me interesa una en particular: la amistad. 

En las malas, Camila, la protagonista de la novela,nos introduce en el destierro de las travas; en el núcleo maldito que las reúne, el Parque Sarmiento;  en la prostitución.

Desde las primeras páginas, son las propias putas las que contienen a la protagonista. Expulsada del núcleo familiar, encuentra cobijo entre la manos enormes de La Tía Encarna y en toda la red de putas cordobesas. Viven en comunidad, tienen su propia Machi, que las cura de sus males con sabiduría ancestral. Tienen amores. Se aman a veces entre ellas. Y se juran la muerte por el pellejo de un hombre -de un onvre-. Aprenden a montarse mejor, a brillar, a transformar su voz, para que suene a concha, como dicen ellas mismas o a dejarla grave y hermosa, como si fueran tenoras.Sufren sistemáticamente el abuso, la tortura, la violación de sus clientes. Pero en la prosa cargada de sensibilidad de la autora que aquí comentamos, las travestis encuentran una memoria y un consuelo en los brazos de ellas mismas: son compañeras. 

Para narrar todo el viaje por el Averno cordobés, Camila se vuelca hacia el realismo mágico. Es decir, que esa novela que creíamos biográfica -y que no por eso se corre de su condición de- hace difusos y complejos los límites de la ficción y la verdad. ¿O es que la ficción, sus mecanismos exacerbados, permiten escarbar más y más profundo sobre ese entramado extraño que la mayor parte de las veces es la verdad?

Algún tiempo atrás, hablamos en estas columnas sobre María Moreno, una maestra de la no ficción argentina. Y de ella aprendimos que es falsa esa dicotomía entre verdad, recuerdo y ficción para hablar de nosotrxs mismxs. Ahora, pensamos ese límite otra vez con Camila Sosa Villada. 

Pero volvamos sobre el procedimiento del realismo mágico. Hay cientos de críticxs literarixs que se dedican a estudiar las diferencias entre este y el fantástico, lo real maravilloso y demás categorías. Y esta reducción que aquí profiero podría costarme la vida: supongamos que, a grandes rasgos, en el realismo mágico los sucesos sobrenaturales, por lo general vinculados a imaginarios míticos -sobre todo, de origen europeo, pero también su mezcla, su entrecruzamiento con el pensamiento aborigen, con la sabiduría popular-, se asumen sin problematización en el universo ficcional de lxs personajes. Así, en la ¿novela?, ¿biografía? de Camila Sosa Villada, la travesti más sabia de toda la región, la más sensible y la más amada, La Tía Encarna, tiene más de 150 años. Encarna, además de todo lo fabulosa que ya es, adopta a un niño y lo llama El Brillo de los Ojos. Lo cría en comunidad, con sus discípulas travas. Las vicisitudes de la vida la correrán de aquel sueño de putas, para volver a su antigua y desgraciada apariencia de hombre y criar al Brillo, como lo apodan, sin ponerlo en riesgo. 

Pero volvamos al realismo mágico: también está María, la pájara, una humana muda que muta en ave. Y hay Hombres Sin Cabeza: los más hermosos y los amados, los mejores amantes también. Pero un día se fugan ante los destratos de la Tía Encarna. Y todo este extrañamiento es habitual en ese universo trava ficcional: correrse del realismo para mostrar la grieta asesina de su vara, de las identidades que forja. Un universo sobrenatural para las identidades diversas que el realismo heteronormado no podría creer.

Para que lo crean: para echar luz sobre las hendijas y dejar aflorar la magia del desparpajo, del erotismo como política de vida, como estado del alma profana, del artificio del género a flor de piel. Para insistir en esa política con manos enormes y risotadas. Realismo mágico para que lxs extrañadxs sean otrxs.

Entonces, en esta novela/biografía -y no quiero decir “autobiográfica”, porque celebro ese linde de los géneros-  Camila Sosa Villada nos lleva hacia una triple frontera difusa, nebulosa: la de los géneros, la del desacato a la heteronorma, para usar un término de la teórica lesbiana Virginia Cano, para autoerigirse por fuera de los términos binarios; la del realismo y sus hendijas mágicas; la de la ficción y la historia personal. Las Malas traza una política de los afectos y una visión de mundo: más orgánica, más tierna, más difusa, entrecruzada, más despampanante, disparatada, graciosa, humana, sensible. Tan sensible. 

Somos necesarias en el deseo, en el deseo prohibido de los habitantes de la tierra  por nosotras. Debe estar prohibido como un castigo eterno, por no cumplir con el mandato. Para castigarnos dicen: no las desearán. Pero no podría funcionar la vida sin nosotras ahí, por fuera de todo. Se derrumbaría la economía, la existencia salvaje devoraría todas las normas si las putas no dieran su amor carnal. Sin las prostitutas, este mundo se hundiría en la negritud del universo” dice la narradora de Las Malas. Y acuerdo profundamente. Esta ficción, que es al mismo tiempo una verdad, es necesaria, como las putas son necesarias. Las ficciones, ya lo hemos dicho, vienen a alumbrar con su extraña luz esta otra vida. Las ficciones disputan sentidos, y esta ficción le disputa sentido al dolor y al horror: con ternura, con amistad, con deseo y con magia. 

Camila Sosa Villada nació en 1982 en La Falda. Es actriz, dramaturga y poeta. Tiene publicados tres libros: La novia de Sandro (2015); El viaje inútil (2018) y Las malas (2019).

 

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