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Fútbol para gambetear al patriarcado

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Por Colectivo de «Che Fútbol» – Programa que se emite en Fm Che Comunitaria de J. de los Andes.

El Fútbol femenino siempre ha tenido que ser nombrado por la diferencia, por ser el otro
fútbol, ese del que se sabe poco, se mira poco, se entiende poco, pero se juzga mucho. En este sentido, no habría que hablar de “fútbol femenino” sino de fútbol jugado por mujeres. Al fin y al cabo el fútbol es uno sólo, juegue quien lo juegue.
En ese marco, muchos varones se aburren viendo a las pibas jugar a la pelota, dicen que no es atractivo, que no es técnicamente lindo. Esperan, como por arte de magia, que las jugadoras aprendan -en la más absoluta estigmatización- a gambetear, tirar rabonas, chilenas, goles olímpicos y hacer atajadas espectaculares.

A pesar de esto, sólo basta conocer un poco más para darse cuenta que a las mujeres no les falta capacidad técnica para esta disciplina. El fútbol en Estados Unidos es un claro ejemplo de ello; mientras la Liga masculina sigue intentando fortalecerse a fuerza de millones y millones de dólares (con la compra de reconocidos futbolistas internacionales), las mujeres dan cátedra futbolera.

En tanto que en Argentina, luego de un 2018 en el que el reclamo de las mujeres se sintiera incluso en el fútbol, y que en 2019 la jugadora Macarena Sánchez se rebelara contra las pésimas condiciones en las que jugaba en la UAI Urquiza (equipo que, dicho sea de paso, es el más importante dentro de la Liga Femenina de Primera), la Asociación de Fútbol Argentino tuvo que atajar reclamos por parte de jugadoras de distintos clubes. Así fue como se decidió que en la máxima categoría, cada institución debía tener un mínimo de ocho futbolistas contratadas con un sueldo superior a 15 mil pesos. Para eso, la AFA aportó 120 mil pesos.

Cifra irrisoria dado el costo de vida actual y la cantidad de deportistas que hay en cada
equipo. Por eso se habla de semi-profesionalismo y de todo lo que falta conseguir: obra social, vacaciones, licencias, traslados, etc., etc., etc. Entonces, las mujeres que juegan al fútbol evidentemente viven de otra cosa; es decir, trabajan: de almaceneras, doctoras, abogadas, recepcionistas, y hasta de becaria Doctoral del CONICET en sociología, como es el caso de la arquera de la selección, Gabriela Nicole Garton.

Esto repercute directamente en las posibilidades de entrenar, de dedicarse exclusivamente a mejorar, de conocerse más con sus compañeras, de practicar juntas, de poder vivir de lo que les gusta y, al mismo tiempo, hacer visiblemente más entretenido cada partido.

El Maremoto que da vuelta la cancha

Otra de las barreras que han tenido que atravesar las futbolistas es la estigmatización por ser mujeres y disfrutar de este deporte. Desde tratarlas de “marimacho” a prohibirles jugar al fútbol; impedimento que no ocurre tanto -hoy en día- en los equipos infantiles donde los distintos géneros se mezclan y todes pueden disputar el balón. Pero, todavía sigue habiendo fútbol sólo para varones en los colegios secundarios. Y ni hablar de los tan populares cánticos futboleros: llenos de homofobia, xenofobia y discriminaciones sexuales.

En ese sentido, las pibas también están enseñando algo: al menos en la máxima categoría, muestran la diversidad sexual sin tapujos: visibilidad lésbica sin remordimientos, sin redoblantes y con mucho cariño. Tabú absoluto aun hoy en el fútbol jugado por varones donde, salvo contadas excepciones, es muy difícil reconocerse homosexual.
Es más, las pibas también han tenido que batallar contra los prejuicios vinculados a la
elección de género, como fue el caso de Mara Gómez jugadora del club Villa San Carlos, primera persona trans en un equipo de la máxima categoría.
De todas maneras, algo está cambiando en los potreros, en la canchita del barrio y en las
categorías inferiores, donde cada vez hay más niñas participando en entrenamientos y equipos mixtos.

La Liga de Fútbol femenino de Junín de los Andes

Enfocándonos en Junín de los Andes, si bien es cierto que la mayoría de las jugadoras no se consideran “feministas”, ni tampoco es cierto que todo acto de encuentro entre mujeres tiene esa connotación, cada fecha nos regala “postales” de sororidad. Jugadoras prestándose botines, hermanas o amigas acercando a les hijes para que ellas puedan saludarles (muchas veces alambrado de por medio), coordinando entre ellas (incluso entre rivales) para llegar al estadio y, sobre todo, haciendo malabares en el trabajo y en las casas para poder ir a jugar cada fin de semana.

La liga de esta localidad parece una novedad, pero tiene ya varios años de funcionamiento, con jugadoras que practican el deporte hace más de 15 años. Sin embargo, la visibilidad que ha logrado tener y el entusiasmo por poder ocupar un lugar en la cancha la han hecho crecer rápidamente.

Existen actualmente 15 equipos (12 de Junín, 2 San Martín y 1 de Las Coloradas) que reúnen a 540 mujeres y, este año, se han querido sumar otros clubes de Villa la Angostura y Aluminé a quienes la Liga le ha tenido que decir que no porque la estructura organizacional quedaría desbordada con tantas participantes.

Esto de-muestra un crecimiento sostenido año tras año, lo que al mismo tiempo expone el verdadero interés de las mujeres de todas las edades por jugar a la pelota. Es decir, si bien es verdad que las pibas más jóvenes se están animando mucho más a pisar el balón, también es cierto que muchas de ellas tienen más de 30 años; lo que equivale a decir que pasaron varios años de sus vidas hasta que pudieron tocar el verde césped (aunque sea sintético) de una cancha de fútbol.

Principalmente, lo que se observa en Junín de los Andes es la voluntad de las jugadoras por disfrutar este deporte, las ganas de seguir mejorando técnicamente, pero también la alegría con que lo hacen. Las sonrisas, abrazos y aplausos entre ellas, así sea ganando o perdiendo por goleada.

También el respeto por las rivales, aunque siempre hay algún roce físico en la disputa por el balón, prevalece la intención de juego, el saber que la que viene a disputar la pelota lo hace con la misma intención que una. No existe, prácticamente, las simulaciones, las sobreactuaciones o los reclamos desmedidos, condimentos viciosos que ya son protagonistas del fútbol jugado por varones.

“El sábado hice un gol en contra y la gente me apoyó, si fuese hombre quizás me hubiesen insultado”, dice Luciana Bacci, jugadora de Racing Club. De alguna forma, el fútbol jugado por mujeres es un retorno a los inicios de este deporte; cuando todavía no había millones de dólares de por medio, representantes, comisiones, barras bravas, sponsors y periodistas dispuestos a hacer del fútbol un show de chimentos. En este marco, evidentemente la profesionalización total va a ser una victoria de las pibas pero seguramente traerá consigo los negociados propios del capitalismo.

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