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¿Cuánto vale el trabajo que las mujeres realizamos de forma gratuita?

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Por María Arranz

La desigualdad es sexista. Esta es una de las contundentes afirmaciones que podemos encontrar en el informe que publicaba hace solo unos días la ONG Oxfam Intermón sobre la desigualdad extrema en el mundo, en el contexto del Foro Económico Mundial de Davos 2020. Mujeres y niñas, especialmente aquellas que están en situación de pobreza o que pertenecen a colectivos excluidos, son las que más sufren las consecuencias de estas desigualdades:

A pesar de la enorme contribución que las mujeres y las niñas realizan a través del trabajo de cuidados no remunerado, son uno de los grupos que menos se benefician del sistema económico actual.

Las mujeres realizan más de las tres cuartas partes del trabajo de cuidados no remunerado en el mundo. Cuando hablamos de “trabajo de cuidados” nos referimos a todas esas tareas que son básicas para que el mundo funcione, como cocinar, limpiar, lavar, coser y, en los países menos desarrollados o en las zonas rurales, ir en busca de agua o leña. También engloba el cuidado de personas dependientes, es decir, de niñas y niños, mayores y personas enfermas o con algún tipo de discapacidad. Este tipo de tareas, que Oxfam define como una “responsabilidad enorme y desigual”, recaen principalmente sobre las mujeres y las niñas y, a pesar de su importancia, siguen siendo trabajos infravalorados e invisibilizados.

A pesar de ser uno de los pilares de una sociedad próspera, el trabajo de cuidados no remunerado o mal remunerado es prácticamente invisible. Está profundamente infravalorado, y tanto los Gobiernos como las empresas dan por sentado que se va a hacer. De hecho, no suele considerarse un trabajo como tal, y los recursos destinados a este trabajo suelen contabilizarse como un gasto, y no como una inversión.

Una de las cosas más interesantes de este informe es que traduce a cifras el valor del trabajo de cuidados no remunerado, concluyendo que equivale a 10,8 billones de dólares anuales (un valor que triplica el tamaño de la industria mundial de la tecnología). Esta cantidad es una estimación a la baja, ya que se basa en el salario mínimo y no en el salario justo que se debería percibir por realizar este tipo de trabajos, es decir, que su valor real sería todavía mayor.

El trabajo de cuidados es el que sostiene la vida de las personas, asegura la salud y la productividad de la mano de obra y contribuye, por tanto, a la prosperidad económica de los países, sin embargo, sigue sin ser reconocido en nuestras sociedades y, por tanto, continúa sin recibir la remuneración adecuada. Cuando se dice que sin el trabajo de cuidados el mundo colapsaría, no se trata de una exageración: si nadie realizara las tareas cotidianas, que son las que permiten que todas las demás actividades se desarrollen, el mundo simplemente no funcionaría.

El informe de Oxfam, que lleva por título Tiempo para el cuidado. El trabajo de cuidados y la crisis global de desigualdad, también da otros datos importantes, como que mujeres y niñas de todo el mundo dedican al trabajo de cuidados no remunerado 12.500 millones de horas diarias, lo que repercute en todos los demás aspectos de su vida, haciendo que tengan menos tiempo para realizar otras tareas, para descansar, para la educación o para trabajar fuera de casa y ganar un salario, contribuyendo así a perpetuar el ciclo de la pobreza femenina, que hace que las mujeres se queden atrapadas en la parte más baja de la pirámide económica.

En todo el mundo, el 42% de las mujeres no puede acceder a un empleo remunerado porque son las responsables del trabajo de cuidados, en comparación con tan solo el 6% de los hombres. El 80% de los 67 millones de personas trabajadoras del hogar que hay en todo el mundo son mujeres. El 90% no tiene acceso a las prestaciones de la seguridad social y la jornada laboral semanal de más de la mitad carece de un límite de horas.

Por eso, para hacer frente a esta situación injusta y desigual, esta ONG exige a los gobiernos de todo el mundo que tomen medidas para construir una economía “más humana y feminista, que valore lo que realmente importa para la sociedad, en vez de alimentar una carrera sin fin por el beneficio económico y la acumulación de riqueza”. Comprometerse a invertir en sistemas nacionales de atención y cuidados sería un gran primer paso. Esperemos que tomen nota.

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