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“Que haya una ley de identidad de género no significa que la sociedad entienda”

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Gabriela Mansilla es madre de la primera niña trans que obtuvo su documento nacional de identidad y una ferviente luchadora por los derechos de identidad. Y Lucrecia Mastrángelo dirige un documental sobre la temática.

Por Federico Morel para «Conclusión»

La identidad es un derecho inalienable. Es tan importante saber quienes somos para nuestro ser, como lo es comer o beber agua. Gracias a la identidad podemos comprender aún más la realidad en la que nos desarrollamos y, de esta manera, proyectarnos hacia el futuro que queremos construir. Nos ayuda a saber sobre nuestra propia historia. Cuando tenemos este conocimiento podemos elegir qué es lo que queremos y qué no.

El encuentro se realizó con Gabriela Mansilla y Lucrecia Mastrangelo. La primera, madre de Luana, primera niña trans que obtuvo su documento nacional de identidad y ferviente luchadora por los derechos de identidad; la segunda es directora rosarina y realiza en el documental El laberinto de las lunas, película que trata sobre la infancia y la maternidad en el universo travesti.

-¿Cómo fue el proceso para que Luana obtuviera su DNI?

-Mi niña autopercibía su genero de manera femenina sin tener información. Fue muy difícil entender. La única herramienta que teníamos desde la familia fue contenerla y abrazarla. Escuchar el deseo de esta niña, respetar lo que sentía. Y cuando sale la ley de identidad de género en el año 2012, intentamos darle un DNI que acreditara legalmente quien era, para poder llevarla al médico por ejemplo. Nos llevo un año conseguirlo, pero fue la primera niña en el mundo que obtuvo este beneficio. Fue una bisagra, es una puerta que se abrió para que se empiecen a respetar las infancias trans y por ende a todas las personas trans.

-¿Qué obstáculos tuviste para llegar a esta reivindicación de derecho?

-No es que superamos esos obstáculos, que obtuvimos el DNI y está todo solucionado. La sociedad no avanza como avanzan las leyes. Es decir, que haya una ley de identidad de género no significa que la sociedad entienda, que la sociedad abrace, que no excluya, que no violente, que no discrimine. Entonces, el proceso continua y los obstáculos los seguimos superando a diario. La educación que tenemos es binaria, es machista, es patriarcal, nos enseñan a encajar dentro de las normas preestablecidas y cualquier niño o niña que no encaja en esa norma es excluido o excluida inmediatamente. Algunas personas no entienden que esto no se elige, esto se siente. La construcción de la identidad es personal y es la vivencia interna de cada ser humano.

¿Cómo sigue la vida de Luana después de su DNI?

-Luana a los dos años me dijo que era nena, a los cuatro años elige el nombre por el cual desea ser nombrada, llamada e identificada y a los seis años logramos que sea el primer DNI en el mundo. Hoy Luana tiene once años y la exigencia de la sociedad es con su cuerpo, es decir, “vos te sentís niña, vas a ser una mujer, bueno pero parecete a este estereotipo de mujer que la cultura te marca”. Y la verdad que lo que yo quiero para mi niña y para las infancias es que vivan su corporalidad en absoluta armonía, no tiene porque transformar su cuerpo para encajar dentro del binario con operaciones, con hormonación, porque si no no te respetan tu identidad.

-Lucrecia, en otra entrevista hablas del proceso evolutivo de aceptación. ¿Cómo encarás esta temática en El laberinto de las lunas?

-Es difícil como todas las temáticas que vengo trabajando en mis películas. Hay que visibilizar y es un proceso y nos falta muchísimo. Siempre van a faltar películas y documentales. Son temas tan fuertes y tan necesarios para la sociedad por más que ya lo sabemos. Y eso ya lo sabemos, es un hipocresía muy grande. Hay que trabajarlo en forma constante y a conciencia. Me siento una privilegiada en tratar estos temas, escuchar testimonios y aprender. Me siento una privilegiada en poder estar acá, escuchando y mirando e intentando humanizar la mirada frente a ciertas problemáticas y creo que se trata de esto, la salud debería humanizar su mirada hacia las personas, la educación debería humanizar la mirada, los medios de comunicación tienen una imagen hegemónica de lo que debe ser una mujer o un hombre, un niño o una niña, y de las relaciones también. Por eso pienso que estamos evolucionando pero va a ser un proceso muy largo y este documental capaz es un granito de arena.

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