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#YotecreoCristina

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Por: Carina Ambrogi

Cristina Fernandez de Kirchner sufrió violencia de género durante sus mandatos presidenciales y después de ellos. La falta de apoyo público de manera masiva del movimiento feminista respecto de las agresiones recibidas en su carácter de mujer, es una de las demandas que la ex presidenta reclamó en más de una oportunidad. Es seguramente porque se trataba de una mujer en el más alto nivel de poder que se pueda ostentar en el país, que muchas colectivas y particulares seguramente no se han expresado, incluso ahora al escribir esta columna me surge de inmediato la anticipación a los comentarios que vendrán después tildando a esta periodista y seguramente al medio de militantes K.

¿Podemos desde el feminismo evitar expresarnos porque se trata de una mujer que pertenece a un partido político específico, o porque ocupa un alto grado de poder? Considero que no, y por eso y desde allí me expreso. Las violencias sufridas tienen que ver directamente con estereotipos machistas de discriminación, los que según la constitución de nuestro país deben ser prevenidos, denunciados, sancionadas, reparadas y finalmente erradicadas, según las convenciones que fueron ratificadas por Argentina entre ellas la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), y la Convención Interamericana para prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la mujer conocida como “Convención de Belem Do Para”, entre otros.

La persecución política y mediática recibida por la ex mandataria, actual Senadora Nacional, tuvo carácter único en el país, pero como mostró hoy momentos previos a la presentación de su libro “Sinceramente”, se está replicando con la ex presidente Dilma Ruosseff en Brasil, con las mismas características que sucedió en este país, por lo que denunciarlo desde el feminismo resulta imprescindible para alcanzar el ideal de una sociedad en que las mujeres puedan acceder al pleno derecho del ejercicio de la política libre de discriminación o violencia por razones de género.

En una entrevista realizada días atrás, señalamos la necesidad de la re-democratización de las democracias latinoamericanas en clave de interseccionalidad y en clave de diversidad, y para ello se vuelve necesaria sororidad también con las mujeres que ocupan espacios importantes de poder.

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