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La culpa es de ellas.

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Por: Carina Ambrogi

Cerca del 25% de los nacimientos que se dan en la maternidad Kowalk de la ciudad de Río Cuarto pertenecen a niñas y adolescentes menores de 17 años. Este cálculo aproximado surge de la experiencia de Matilde Glineur Berne, quien desde hace 30 años trabaja en la maternidad, se jubiló como Jefa del servicio de Neonatología y ahora continúa como médica Neonatóloga.

Allí llegan las futuras mamás a las 36 semanas de embarazo, ya que el sistema de salud local prevé que los controles anteriores se realicen en los dispensarios, en algunos casos llegan a esa etapa de gestación sin ningún control previo, es decir que no han pasado por las salitas barriales.

“Las menores de 16 años prácticamente vienen sin tener idea de lo que es tener un hijo, cuando intentas hacerle tacto para ver el grado de dilatación dicen: “saque la mano de ahí cochina”, es decir que no tienen idea ni si quiera de por donde va a nacer su hijo. No son embarazos planificados ni deseados, simplemente paso”, explica la doctora.

En esta franja etaria los embarazos son considerados de riesgo ya que el modo de vida y las costumbres actuales hacen que los cuerpos no estén preparados para soportar el peso y la exigencia física que supone la gestación y el parto. Son “embarazos hormonales”, señala, ya que las hormonas están preparadas desde los 12 años aproximadamente para engendrar, no así el resto del cuerpo y el sistema emocional.

“El organismo de las niñas no está preparado para ser madres, deberían serlo a partir de los 18 o 20. En la época de mi bisabuela se empezaba a tener hijos a los 14 años, pero la vida era diferente, a esa edad las mujeres se levantaban a las 5 de la mañana a cargar ollas para poner en la cocina a leña , trabajaban la tierra y realizaban un montón de tareas que ahora las niñas de esa edad no realizan, entonces los cuerpos adquieren costumbres y habilidades diferentes, por lo que el desgaste del organismo es diferente. Antes las mujeres parían en la casa y a las 6 horas estaban preparando la comida para una tropilla de 20 personas, hoy si hacemos eso el prolapso que tenemos es fenomenal, los órganos perderían su lugar, por eso cuando hoy tenemos hijos nos ponemos una faja durante una semana, indicamos que no hablen mucho, que no se realicen fuerza, etc.”, explica Glineur Berne.

Esta situación de riesgo para la salud de quien está engendrando es lo que se señaló en el caso de la niña violada de Tucumán, cuando los médicos que la atendieron en el parto forzado indicaron que corrió riesgo durante todo el proceso. Esta realidad contrasta con los argumentos que se esgrimen desde los grupos antiderechos que se enfilan tras el “salvemos las dos vidas”, que tanto con este como con el resto de las argumentaciones hacen agua y no logran salir de la justificación divina.

El estado ausente.

En Río Cuarto no existe actualmente un consultorio de planificación familiar estatal, según explica Glineur Berne. Hace algunos años existía, pero se suspendió por decisión política y nunca se volvió a autorizar. Esta instancia que están pidiendo desde la maternidad se vuelva a habilitar, permitiría que después de tener el primer parto las mujeres puedan acudir para planificar cuando desean tener su segundo hijo, en caso de que lo deseen, y como hacer para no quedar embarazadas hasta entonces. Se brindan ahí las herramientas y la educación necesaria para evitar embarazos no deseados.

La concejala Patricia García, quien realiza una actividad casi cotidiana con mujeres en los barrios marginales de la ciudad, comenta al respecto que hay mujeres que van por el octavo o decimo embarazo. “Está más que claro que no es su voluntad tener estos hijos, en muchos casos no saben lo que es un orgasmo, no eligen cuando tener relaciones, es visto como una obligación de la mujer acceder al acto sexual. Es increíble la apropiación que veo de los cuerpos, ahí juaga mucho el machismo, el tema del preservativo para los varones es terrible no lo quieren usar y las chicas tienen que acceder porque se plantea de un modo violento y se acepta que hay que hacer lo que dice el varón”, explica.

Cabe aclarar que el sexo como obligación de la mujer casada o como contraprestación por el dinero que el hombre trae a la casa no es una situación exclusiva de los barrios marginales, está presente como patrón cultural de dominación machista en muchas familias de clase media y alta.

La educación sexual integral (ESI), debería ser un derecho garantizado por el estado para toda la ciudadanía, tal como lo indica la legislación vigente, sin embargo hay una parte importante de la población que no accede al sistema educativo y por lo tanto tampoco a la ESI, y aún la parte que si lo hace no recibe los conocimientos que esta reglado que se impartan en las aulas, ya que la aplicación plena de la ley está cuestionada precisamente por los grupos antiderechos “salvemos las dos vidas”, o “con mis hijos no te metas”, y en estos casos prima en los centros educativos la legitimidad ante la legalidad. “Yo fui de las que echaron de las escuelas cuando dábamos educación sexual, los grupos evangélicos dijeron que eso se enseña en la casa, cuando nosotras sabemos que en las casas se dan los abusos y violaciones”, sostuvo la médica.

El varón ausente

Tanto Glineur Berne como García manifestaron que es común que los varones desaparezcan cuando se trata de embarazos de mujeres jóvenes, incluso si esta gestación fue producto de una relación permanente. Cuando se decide continuar con la procreación muchas veces no se logra avizorar la responsabilidad que esto supone, y cuando las realidades chocan de frente los varones fácilmente se desprenden de la responsabilidad parental sin demasiado prejuicio. No está mal visto que un hombre abandone a una mujer embarazada o a un hijo, aunque si está castigado socialmente que una mujer lo haga, no sólo por la mirada social, sino también por el aparato legal.  La misma acusación unidireccional se hace hacia la mujer que decide abortar, siempre señalando la culpabilidad en una sola dirección, no hay por ejemplo ningún reclamo de “salvemos las dos vidas”, que se focalice en reclamar que los varones sean conscientes de su actividad sexual y su profilaxis.

La misma discriminación de género se da cuando se presenta una menor con un embarazo, la vergüenza siempre la soporta la mujer, porque es a ella a quien se mira con cara de “mira que hiciste”, o “la culpa es tuya”.  En el barrio que recorre la concejala García hay una niña de 13 años que decidió continuar con su embarazo, está transitando el quinto mes y ya su pareja la abandonó, lucha a diario por tener algo para comer, decidió salvar las dos vidas, ante la ausencia del estado,  la ausencia del varón, y la ausencia de los predicadores de lo justo,  habría que ver ahora: ¿quién la salva a ella?.

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