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Diversidad y dictadura. La historia desde los márgenes

Por Romina Pezzelato
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Al momento de pensar y aportar lecturas sobre la dictadura militar en nuestro país, son innumerables los recortes posibles. Podemos, ciertamente, asumir que los recortes se realizan de acuerdo a diversas variables: socio-política, histórica, ideológica etc.  A partir de la creciente fuerza del movimiento de mujeres, numerosos estudios y disciplinas se interpelan en perspectiva de género. Desde La Marea nos acercamos a quienes han estado releyendo las desapariciones forzadas en nuestro país, en clave de diversidad sexual.

¿Podemos hablar de detenidos sexuales como propone Luciana Almada en Córdoba?, ¿O de diversas categorías de detenidos según los tipos de “desviaciones” que indagó Cristian Prieto en La Plata?

Desde La Marea dialogamos con Luciana y Cristian, ambos comunicadores, investigadores, y activistas de la diversidad, y sus lecturas se encontraron para pensar un período que, coinciden, trasciende los años más negros de nuestra historia. Encuentran que si bien, en sendas investigaciones apuntaron al proceso de reorganización nacional, las persecuciones a la diversidad sexual eran anteriores, siguieron, y siguen sucediendo. Desde estas indagaciones, las voces que enuncian otros modos de leer la historia, de interpelar la memoria, emergen y nos ayudan a crecer, sin dudas.

 Re preguntarle a la historia

Cristian Pietro es hijo de una pareja chilena exiliada de la dictadura pinochetista. Creció en Bahía Blanca. Allí su recorrido lo llevó desde las comunidades eclesiales de base a HIJOS. Se trasladó a La Plata para estudiar Comunicación Social. Por esos tiempos sus búsquedas políticas fueron acercándose al proceso feminista y en el 2009 fue parte del inicio de los varones antipatriarcales.

Desde siempre su pregunta en relación a les desaparecides LGTB era qué había pasado con las maricas, las tortas, las trabas. Al cabo de unos años se insertó con esa búsqueda a trabajar en la Comisión Provincial por la Memoria de La Plata.

Dado el acceso que tuvo a los archivos de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPBA), obtuvo información sobre militantes y activistas; antes y después de la dictadura. Así, logró reconstruir circuitos represivos, saber quiénes daban las ordenes, y también sistematizar datos de personas desaparecidas.

“Entonces, en momentos de ocio empiezo a preguntarle al archivo casi de manera individual, sobre las desapariciones dentro de la comunidad LGTB”, relata en diálogo con La Marea.

Y continúa: “Al principio fui a los años de la dictadura, aunque el clima represivo era anterior, pero luego encontré información de persecuciones a LGTB desde el comienzo de la DIPBA, desde 1955 y hasta el año de su cierre en 1998. En todo ese periodo hay información de persecuciones a lesbianas y travestis”.

Luciana Almada se define como activista lesbiana, feminista, docente e investigadora. Es Licenciada en Ciencias de la Comunicación y actualmente realiza el Doctorado en Estudios de género en la Universidad Nacional de Córdoba. Investiga en Córdoba y en México

El tema de investigación es parte de su tesis de doctorado. Su trabajo indaga acerca de los detenidos sexuales a partir de los archivos documentales del Archivo Provincial de la Memoria de Córdoba, que aloja muchos documentos; entre ellos archivos de la policía local.

Luciana toma como antecedente el trabajo de Cristian, y ambos mencionan como material obligado el documental “El silencio es un cuerpo que cae” (2017), de Agustina Comedi en Córdoba.

Entre los puntos en común, advierten que estas relecturas de nuestra historia, encuentran su espacio a partir de la reivindicación y visibilidad de la diversidad sexual. Han sido temas tabú, aún hacia el interior de las organizaciones sociales.

Cristian eligió escribir desde la ficción y publicó “Fichados” (2017 Editorial Pixel), un  libro de crónicas testimoniales en el que se cambian los nombres por una cuestión de protección de la identidad de las víctimas. Y desde allí su recorrido en torno a las detenciones de la comunidad LGTB.

“El relato tiene que ver con mi autodeterminación de escribir desde el ser marica. Cualquier marica o persona no marica, heterosexual, hétero en fuga, hétero sensible; se puede sensibilizar en relación al libro porque hablo del sentimiento del amor. Pero partimos de reconocer la mirada heteronormativa que tenemos en nuestras sociedades.

Esta mirada también está en relación a la historia, a las líneas de investigación, a quiénes tiene acceso a decir la Historia con mayúsculas. Tiene que ver con eso: la mirada que tenemos de la historia. Los archivos de la DIPBA se pueden ver a esta luz porque hubo una marica que hizo una investigación y la llevó adelante, tiene que ver con esa insistencia”, afirma el autor.

En La Plata las persecuciones han tenido que ver con la moralidad de las personas. Desde la existencia de la DIPBA, se perseguía a quienes se salían de la regla: no tener pareja del sexo opuesto, no tener hijos, estar acompañado de personas del mismo sexo, etc. En los registros se indicaba: “dudosa  moralidad”.  Luego se elaboraron categorías para nombrar a los desviados: afeminados, homosexuales, pederastas pasivos y pederastas activos, lesbianismo, trans y travestis, mujeres hombrunas, conductas lesbianas. Y no solamente de militantes sino también personas con estas conductas en cualquier institución. Incluso oficiales de las fuerzas fueron investigados por sus tendencias homosexuales; mujeres investigadas y fichadas en su propia fuerza por conductas lesbianas, en instituciones educativas, sacerdotes, juezas.

En Córdoba Luciana advierte que los registros dan cuenta ante nada, de las trabajadoras sexuales, de quienes manifestaban la sexualidad en el espacio público. Y resalta un aporte que realizaran Pietro y Ana Solari (también trabajadora de la Comisión Provincial de la Memoria de La Plata): “Ellos encuentran registro hasta pasados los ochenta, con una hipótesis que se podría sostener para todo el territorio nacional, y es que una vez que la dictadura cívico militar, el aparato estatal en ese formato se termina, esas estructuras represivas quedan muy aceitadas en sus mecanismos. En La Plata hay registros provinciales de persecuciones en relación al sida, travestismo… y si lo pensamos acá en Córdoba, el código de faltas continuó con esas prácticas de parte de la policía de manera sistemática”.

Por su parte Pietro analiza que en La Plata “las travas organizadas te dicen que para ellas la democracia empezó en el 2012 cuando se obtuvo la ley de identidad de género, esto es muy poco tiempo. Y es una democracia entre comillas porque son las más vulneradas en todos sus derechos básicos. Ese es un rasgo distintivo de la persecución a los cuerpos trans, maricas y tortas”.

En el ´73 en la provincia de Buenos Aires los códigos contravencionales tenían que ver con la persecución de la homosexualidad y de aquellas personas que estuvieran vestidas con ropa del sexo opuesto (código 8021, art 92). Esto era una infracción, y se llevaban presas a las personas, hasta que fueron derogados recién en el año 2008.

Estamos hablando entonces de un recorte que, aunque trasciende el periodo de la dictadura, emerge para reclamar visibilidad. Si bien la persecución a la diversidad sexual es anterior y posterior como mencionan ambos referentes, lo que cobra visibilidad hoy es la voz de esos relatos.

Luciana advierte que en varias investigaciones surgió la imagen del no ser víctima por no ser militante. Que incluso en los relatos de las trabajadoras sexuales se puede oír que ellas no eran las verdaderas víctimas, que a ellas sólo las violaban.

“Hay grandes discusiones para pensar si eran detenidos políticos o detenidos sexuales, si es en relación a la militancia política o a la sexualidad. Y si es algo que podemos separar o no. ¿Son cosas que van por separado?, ¿las vidas son compartimentadas?”, se pregunta .

Y agrega: “Creo que al pensar la invisibilidad o visibilidad de los relatos de esta historia, hay un doble juego. La clandestinidad ha sido la forma de operar de nuestras comunidades, ha sido una práctica de supervivencia que precede y continúa luego de la dictadura. Los recortes son difusos. Aún ahora viviendo en un mundo que se presume tolerante e inclusivo, hay múltiples lecturas. Hay por un lado relatos e historias difíciles de escuchar y también de relatar, por esta ilegitimidad muy ligada a la noche, a la sexualidad, al tabú”.

Cristian también avanza en torno a la mirada de la “la desviación” en las propias organizaciones políticas o sociales: “Eso yo no lo encontré en la DIPBA sino en relatos de personas que dan cuenta de cómo se trataba a los homosexuales varones en las organizaciones. Acá también la homosexualidad era una desviación burguesa para las organizaciones revolucionarias, también se sobreentendía que los homosexuales al ser más débiles que los hombres, podían ser muy proclives a ser los primeros en “cantar” en momentos complejos de enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. Entonces no se nos consideraba sujetos revolucionarios. Yo en una de las crónicas doy cuenta de eso. El ser revolucionario, como se medía o se mide hasta el día de hoy, el heroísmo como valor masculino o intrínseco dentro de los militantes”.

Se trata, sin duda, de una revisión incómoda y dolorosa, que se pone en palabras porque también conlleva cuerpo y corazón para revisar los actuales modos de ser organización, de pensar los procesos de construcción del campo popular. Hacer memoria de la vital lucha de cada persona desaparecida (que nombraremos hasta vencer), procurando hacia adelante un horizonte que abarque la diversidad que somos pensando un mundo nuevo.

Mirarnos desde otros rincones

Para Luciana se trata de traer esos relatos como relatos que son heroicos también, que tienen mucho para decir y nos devuelven una idea de una historia menos heroica, de personajes más complejos, menos moralmente correctos.

La investigadora propone la dupla sexualidad – subversión, que en su opinión “tiene que poder devolvernos la complejidad de pensar procesos históricos cuyos relatos no están cerrados de una sola vez y para siempre, porque se van encontrando cosas nuevas. La gente se va animando a decir cosas y nos vamos animando a escuchar otras miradas”.

Como bien plantean ambos investigadores las persecuciones continúan. El promedio de vida de la comunidad trans no alcanza los cuarenta años. La diversidad se sigue pagando con el destierro y con la vida.

Cristian resalta que existe hace unos años el Archivo de la Memoria Trans en Argentina. “Se han juntado para juntar recuerdos de las compañeras que van muriendo y como no hay familia que recoja los recuerdos de estas travas, trans, lo que hacen las compañeras es juntarlas ellas y hacer memoria de las que nadie vela, nadie les da un sepelio digno, sino que son ellas quienes se encargan”, afirma.

Revisar la historia y el presente desde nuevas miradas y modos de habitar el mundo, es una de las propuestas feministas para interpelar nuestras realidades.

“Por eso es que decimos que no es en un solo lugar sino en las casas, en las aulas, en las camas, en todos los lugares que habitamos”, celebra Luciana.

 

 

 

 

 

 

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