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Decanas si rectoras no, una cuestión interna.

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Por Carina Ambrogi para La Marea

De las 55 universidades nacionales con las que cuenta Argentina, sólo en 7 los rectorados son ocupados por mujeres. Estas  son la Universidad de las Artes, la Universidad Nacional de los Comechingones, la Universidad de General Sarmiento, la Universidad de Lanús, la Guillermo Brows, La Universidad de Misiones y la del Nordeste, todas universidades nuevas. Las otras 50 son lideradas tradicionalmente por varones, la Universidad Nacional de Córdoba con sus 500 años de historia, tuvo una sola mujer en el cargo de rectora (Carolina Scotto), y la Universidad de Río Cuarto (UNRC); ya casi con 50 años también, no tuvo rectoras ni vice rectoras mujeres, ni si quiera se llegó a contar alguna candidata al trono.

Los datos los analiza con precisión Rosa Cattana, una mujer que además de ejercer la docencia tuvo amplia participación política durante su carrera en la UNRC, desde Consejera en el Gremio Docente, Vice Presidenta de la obra social, Secretaria Académica y finalmente Decana.

El “Techo de Cristal” en los ámbitos académicos, en consonancia con otros ámbitos de poder, está signado no tanto por una condición externa que impongan los varones, sino por una cuestión interna de las propias mujeres, que reproducen los esquemas de construcción patriarcal de lo femenino y lo masculino, al punto de ni que si quiera resulta de interés por parte de las mujeres el ocupar los espacios de mayor responsabilidad política, salvo excepciones.

Actualmente el 100% de los candidatos que se disputan el rectorado de la UNRC son varones, y tanto los hombres como las mujeres consultadas indicaron que esto se debe a que ninguna mujer tuvo la inquietud de integrar alguna de las tres listas.

La Marea femenina ha logrado cambios importantes en la participación política en el país, en el ranking de “empoderamiento político“ elaborado en 2015 por el World Economic Forum, Argentina se encuentra en el puesto 22 entre 145 países y el mundo, sin embargo todavía resta un largo camino hacia la paridad, hecho importante ya que quienes ocupan cargos políticos deberían representar a la población que los elige, y si la mayor cantidad de electoras son mujeres, esto se debería traducir en los puestos de alto mando.

En la UNRC el porcentaje de mujeres en el ámbito estudiantil y docente siempre fue mayor que el de varones. En Ciencias Exactas hay un 60% de mujeres y 40% de varones, en Ciencias Humanas es muy superior la cantidad de mujeres, en Ingeniería es menor, y en carreras como Enfermería o Psicopedagogía el alumnado es casi 100% femenino.

El “Techo de Cristal” en los ámbitos académicos, en consonancia con otros ámbitos de poder, está signado no tanto por una condición externa que impongan los varones, sino por una cuestión interna de las propias mujeres, que reproducen los esquemas de construcción patriarcal de lo femenino y lo masculino, al punto de ni que si quiera resulta de interés por parte de las mujeres el ocupar los espacios de mayor responsabilidad política, salvo excepciones.

En el ámbito de la investigación pasa lo mismo, son mayores las cantidades de becarias de Conicet mujeres, pero si bien son mayores las que ingresan a la carrera y después son investigadoras, en los cargos dirigenciales vuelve a ser mayor número de varones.

“Me parece que eso está relacionado con que la mujer tiene que cumplir otras tareas que tienen que ver con el tema del cuidado de la familia”, analiza la ex decana. Los números parecen demostrar que está en lo cierto, y reflejan los estereotipos de género de lo femenino y lo masculino casi a la perfección, por un lado porque las mujer eligen preferentemente las carreras que tienen vinculación con el “cuidado”, como docencia, enfermería, o psicopedagogía, que son casualmente las menos pagas en la escala salarial de nuestro país, y los hombres en las más duras o técnicas. Por otro lado, que en los puestos de poder de las universidades se refleja el mismo patrón, las mujeres se designan por lo general para la Secretaria Académica, que es a donde van los alumnos a plantear todo tipo de problemas, mientras que en la Económica o en Coordinación Técnica son casi excluyentemente varones.

“Creo que las mujeres tenemos una formación que hace que no tengamos aspiraciones al poder, tal vez hemos sido educadas desde chicas más para las tareas de cuidado que para el poder, es un tema para que los especialistas lo estudien” finaliza la entrevistada.

Respecto de los reclamos de género Cattana señala que el que más recuerda por parte de las docentes y alumnas era el cupo al jardín de infantes de la Universidad, nunca recibió a un varón con ese planteo, como si les niñes estuvieran al cuidado exclusivo de ellas. Esta necesidad tampoco fue atendida, desde hace años es una demanda que espera por “presupuesto”, como esperan las áreas de niñez en todos los estamentos de la sociedad.

“Creo que las mujeres tenemos una formación que hace que no tengamos aspiraciones al poder, tal vez hemos sido educadas desde chicas más para las tareas de cuidado que para el poder, es un tema para que los especialistas lo estudien” finaliza la entrevistada.

Ante tanta evidencia, se pone de relieve atender con cuidado los intentos que aparecen desde diversos espacios gubernamentales y sociales de reforzar la idea de “las mujeres se visten de rosa y los varones de celeste”, ya que parece estar ahí la raíz de las injusticias en las paridades de género en el ejercicio real del poder en las sociedades modernas, que, pese a la modernidad, siguen sin poder desarraigar los mandatos más antiguos del patriarcado.

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